sábado, 9 de abril de 2011

SALUDA AL PAJARITO… ¡RÁPIDO QUE SE VA!

Un año más sabia, después de mi primer orgasmo, vuelven a ser fiestas en mi pueblo natal, y para mi sorpresa, ya que no supe más de él en todo un año, volví a encontrarme con el rubio de ojos azules pero ya no más desconocido, en la barrera-burladero que daba forma a la plaza en la que soltaban las vaquillas. Y esta vez, tampoco estaba solo.

Antes de seguir, he de hacer un inciso aquí: Por esta época, yo era una gran fan de los jugadores del Barça, me gustaban TODOS. Aclarado esto, voy a seguir contando.

En esta ocasión le acompañaba un guapísimo doble de Bogarde -osea que se parecía a éste pero en guapo- y además era de Barcelona.  Cuando Toni me presentó a Sebas, no me contuve la idea del parecido que vi en ese instante, y así se lo hice saber: desde ese momento me lo metí en el bolsillo. Se lo tomó como un cumplido ya que no sólo era hincha del Barça, sino que era Boix Noi. Hubo feeling muy rápido y al ir cada uno por su lado (los dos teníamos planes ya), me quedé con la sensación de querer volver a verle, pero no dije nada.
A la noche siguiente tocaba disco móvil con fiesta de espuma en la plaza de toros y acudimos a la misma mi hermana Violeta y yo. Cuando aun no habíamos alcanzado ni la plaza, nos interceptaron mis dos “nuevos amigos”. A Violeta le gustaban más los jugadores del equipo blau-grana que a mí y mientras íbamos al lugar de los acontecimientos, le contaba lo que había pasado la noche anterior. Cuando les iba a presentar, Violeta adivinó quién era quién enseguida llamando Bogarde a Sebas, un gesto que le hizo saber inmediatamente que me molaba (al menos es lo que me dijo él mas tarde).  En un descuido, me cogieron en volandas entre los dos y me metieron en la nube de espuma, algo que intentaron hacer con "Vio" sin éxito. Yo opuse falsa resistencia ya que temía caer en el suelo si lo hacía, además de que reconozco que me gustó la travesura, para qué negarlo…
Después de hacer el tonto en esa masa jabonosa, no demasiado blanca a causa del polvo y la tierra del suelo, Sebas me susurró al oído que fuéramos a dar una vuelta a lo que accedí después de perder de vista a mi hermana, al fin y al cabo, estábamos en el pueblo y nuestras amigas andaban por ahí, así que no me preocupaba desaparecer. En el paseo, a medida que él se ponía más cariñoso dándome besos en la mejilla y llamándome “mi reina”, decidimos arrinconarnos a intimar un poco más. Así que se me ocurrió llevarle al piso que ejercía como franco mientras la familia veraneaba en una caseta de campo en un municipio cercano.  En cuanto cruzamos el umbral de mi casa, puso su mano en mi nuca para asegurarse mi posición y así darme un beso de tornillo de los que hacen época. Pero más época hizo la rapidez con la que me quitó el top sucio por la espuma y dejó descubiertos mis pechos para luego,  mientras admiraba el tamaño de mis senos con los ojos y las manos, devorarlos aun sazonados por la tierra acumulada por la espumosa fiesta de la que acabábamos de huir. Tras haber calentado el ambiente de una forma bastante fogosa y haberse comido tanta arenilla que ya podía hacer perlas cual coquina, el sol amenazaba ya con salir en cualquier momento. Nos fuimos cada uno a su cama despidiéndonos con un “hasta dentro de unas horas”.
Esa noche compartimos un momento bastante agradable y lo repetíamos todas las veces que podíamos. Para mí no eran solo momentos agradables: estaba totalmente enamorada, tanto que le permití hacerme un chupetón en el cuello, pero el problema fue que me lo hizo en un lateral de la garganta y tan alto (no había forma de taparlo con la ropa) que todo el mundo lo veía, incluyendo a mis padres que no dijeron nada… en ese momento. Ya me regañarían más tarde. Los pobres no sabían cómo reaccionar, era la primera vez que su hija mostraba tal descaro y estaban desconcertados. 

Lo que se definiría como nuestra última cita fue de lo más memorable y mórbida. Nos encontramos en el pueblo vecino y no teníamos sitio donde desatar nuestra lujuria por última vez y sin ser vistos. Por suerte, todos los habitantes y visitantes estaban en la plaza de la iglesia disfrutando del teatro al aire libre, así que no era difícil encontrar intimidad ya que el resto del pueblo estaba desértico aquella noche. Aun así, no me convencía en absoluto el sitio que él eligió: las gradas del polideportivo.
A medida que nos besábamos, su miembro iba creciendo; con tan sólo una caricia a mis senos, se ponía a cien. Así que, sin aguantarse más las ganas me dijo que quería penetrarme allí mismo. Pretendía que dejara mi virginidad allí, en las gradas de un polideportivo, abandonada. Pero yo estaba enamorada así que no le costó convencerme de que ese “puntazo” era buena idea.
Cuando desnudó su enorme y erecto bálano me asusté, no sabía que esas cosas tan grandes eran las que tenían que pasar por algo tan estrecho que ni se nota su existencia al caminar. Me cubrió de besos y caricias para distraerme de la impresión que sobradamente sabía que me iba a causar, pero no lo consiguió. Sentí una fuerte y dolorosa inyección que hizo que me arrepintiera haberle permitido la entrada en mí. Afortunadamente, no insistió en seguir con esa extenuante muestra de afecto.
La situación no podía ser más morbosa pero, lamentablemente, no es recomendable que tu primera vez sea así: pene de 18cm de longitud más un considerable grosor introduciéndose en una vulva joven y a estrenar mientras estás tumbada sobre unas duras gradas de hormigón al aire libre y a la vista de cualquiera que pase por allí.

Lo bueno que saqué de aquella experiencia es que me presentaron la herramienta principal del oponente. Sólo me quedaba preguntarme si algún día podría llegar a disfrutar de su uso…

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