sábado, 30 de abril de 2011

POSTURAS NUMERADAS Y NO NUMERADAS


Cuando conocí a Coral en el cursillo de informática de verano, se podría decir que, oficialmente, daba comienzo a “mi época de tiempos mozos”, o también llamada por mí misma, por haber probado y hecho cosas de las que no me siento orgullosa ni tampoco me arrepiento: Edad del lado oscuro.
Congenié enseguida con Coral y empezamos a salir de fiesta todos los sábados con nuestras minifaldas negras y botas altas, rompedoras y llamando la atención allá donde íbamos. Teníamos nuestros pubs favoritos: el Mediterráneo y el Rumba.
Para comenzar la fiesta entrábamos al “medi” y, se podría decir que escaneábamos el interior del local mientras caminábamos hacia la barra del fondo donde se encontraba nuestro camarero favorito que, seguramente, pretendía zumbarse a mi amiga.
En el proceso de reconocimiento, era bastante posible encontrar alguna víctima de nuestros intencionados roces y que no sabría dónde se metía hasta que era demasiado tarde. Aunque era aún más que posible que nuestro coto de caza se iniciara en el Rumba. En el primer pub nos dedicábamos más a socializar y empezar con la tarea de emborracharse (cada vez se requerían más chupitos para conseguir nuestro buen fin).
Allí nos encontrábamos con amigos a los que invitábamos y luego hacían ellos lo mismo, así hasta las 3 y pico de la madrugada cuando ya se amenazaba con cerrar el local. Entonces era cuando la gran mayoría de usuarios del Mediterráneo nos trasladábamos al siguiente pub. Era gracioso ver que algunos se quedaban por el camino…
En el Rumba acababa alternando con todos los varones con los que pretendía intimar e incluso con los que no –vaya, que cosas…-. En una ocasión, me abordó un pobre chico que parecía necesitado de autoestima suplicando líos conmigo, al negárselos, ya que me parecía patético, se enfadó conmigo y aprovechó un momento del baile para darme tal empujón que casi acabé en el suelo. Hay gente que no sabe perder, pero este tío no me pareció que estuviera muy cuerdo…

Otro sábado, sin proponérmelo, me ligué a uno de los camareros que le gustaban a Coral. Por suerte, ésta hacía ya un tiempo que no mostraba interés por el mozo, diez años mayor que yo. Aún con el camino libre, no lo tenía yo muy claro, y cuando me besaba e intentaba tocar alguna parte de mi joven cuerpo, alguien le interrumpía llamándolo “asaltacunas” y cosas parecidas. Incluso estando yo bajo los efectos de mucho alcohol, recuerdo que estábamos en el porche del pub a la hora de cerrar y mi amiga se encontraba a nuestro lado tumbada y medio inconsciente por la sobrada dosis de licor de melocotón.
A causa de las numerosas interrupciones, el hombre se rindió limitándose a llevarnos a casa para que la otra no cogiese la moto en ese estado medio comatoso.

La noche en la que cené en el lugar de trabajo de mi compañera de juergas, no me podía imaginar que la acabaría en la cama con un desconocido.
Esta vez estaba especialmente empeñada en llevarme al huerto a ese guapo rubio de ojos color miel que decía llamarse Pablo. Después de haberme invitado a varios chupitos, gesto que interpreté como luz verde para enredarnos en la oscuridad, afortunadamente resultó que no me equivocaba.
Después de asegurarme de que Coral se iba en buen estado a su casa, acepté la invitación de Pablo de ir a la suya.
Me llevó a una casa de dos pisos: el primer piso era donde vivía la familia y la planta baja podría llamársele perfectamente “el picadero” para él y sus hermanas.
Por desgracia descubrí la tradición familiar “in situ”.

CONTINUARÁ…


Y en el próximo capítulo:
...justo cuando mis braguitas habían abandonado ya su lugar correspondiente, alguien intentaba entrar...

sábado, 23 de abril de 2011

Paréntesis

Buenos días a todos, lamento comunicaros que esta semana no me ha sido posible escribir el relato por varias razones: primero tuve muchísimo trabajo y no tuve tiempo ni fuerzas para encontrar la inspiración, luego tuve un par de días  de vacaciones y entre descanso y excursiones, tampoco tuve tiempo de escribir, y hoy estoy agonizando de dolor por culpa de ese defecto de fábrica que tenemos las mujeres unos días al mes.

Espero que me disculpeis esta semana y que no lo tengais en cuenta. Procuraré compensaros con un buen relato la próxima semana ya que procuro superarme en cada história.

Un saludo a todos y mis disculpas de nuevo...

Fdo. Lady Heather

viernes, 15 de abril de 2011

MOTO A TROIS


De nuevo, un verano más vieja, andaba con ganas de conocer gente nueva en las fiestas de El Pomar. Después de todo, la experiencia me demostraba que era la mejor temporada para ello. Ya habían pasado las de El Barranquet y en ellas había descubierto que hay gente que es mejor tener cerca durante muy poco tiempo. Por supuesto, me refiero a Sebas y a un pequeño encuentro no fortuito que me hizo desear que ese año se hubiera quedado en sus amadísimas tierras. El príncipe se acabó convirtiendo en rana, sin más, era cuestión de tiempo.
Mi suerte cambió ya el primerísimo día de fiestas: carne fresca en la puerta del “Atmósfera”. Cada una de nosotras abordamos nuestros objetivos sin preámbulos. Fue tan fácil ligarme a Manu que no voy a entrar en demasiados detalles; él quería, yo también, así que nos fuimos a darnos el lote a un portal cercano al pub. Al cabo de lo que me pareció una hora de tener su mano frotando mi delantera y después de descubrir -y desaprobar ¿?- que mis uñas no estaban perfectamente esmaltadas, llegaron sus amigos a convencerle para ir a otro local. Entre éstos estaban un melenudo cogido de la mano de Mónica, su hermano que era más alto y más guapo, y un moreno bastante mono y que sólo hablaba francés. Mientras se llevaban a Manu me prometían que al día siguiente sería para mí, palabra que me tomé en serio. Esa noche todavía tuve tiempo para reunirme con mis amigas, tomar un par de copas y bailar hasta que los que ponían la música se hartasen.

A la tarde del día siguiente me arreglé, acicalé y esmalté las 20 uñas para que Manu no tuviera “quejas”. Una vez llevaba el pub de moda un rato abierto, me acerqué con el vestido que mejor lucía mis encantos carnales: era corto, negro y escotado por la espalda, por lo que no me permitía llevar sujetador… Llegando a la puerta del local me encontré con Mónica, su ligue, el hermano de su ligue y el francés, pero no estaba Manu. En el momento en que pregunté por él, y después de que el hermano del “Coleta” consiguiera centrarse en lo que yo decía y no lo que movía por no estar debidamente sujeto, me respondió que vendría más tarde, así que decidí que le esperaría junto con sus amigos.
Mientras el tiempo pasaba y cotejaba el plantón de Manu, iba conociendo a Miguel y el francés Dani. Por ejemplo, supe que Miguel era Kickboxer amateur y Dani era español que se hacía pasar por francés pero en realidad solo sabía preguntar a sus amigos “¿qué ha dicho?” en ese idioma para ligar.
Cuando ya estaba totalmente asimilado el esquinazo, me percaté de que era absurdo seguir vestida de esa guisa, así que cambié el vestidito sexy con sus sandalias a juego por un peto vaquero ancho, un top azul a rayas horizontales y unas zapatillas deportivas. Innecesaria es la mención de la disconformidad de mis compañeros nocturnos…
No supe que era más que cordialidad su insistencia de acompañarme durante el tiempo que hiciera falta esa noche hasta que Miguel me preguntó por enésima vez si todavía esperaba a Manu y al recibir una despreocupada respuesta negativa, se le dibujó una pícara sonrisa y me besó.
Eso sí que fue inesperado, ni siquiera me había planteado a lo largo de la noche, y ya era bien entrada la madrugada, que el tío quisiera enrollarse conmigo.
Le devolví el beso bastante animada ya que a mí también me iba gustando el chico, pero había un problema: de los cinco, cuatro estábamos emparejados y el pobre Dani era el quinto en discordia. El chico pidió que se le llevara a casa ya que habían venido en el mismo vehículo y no tenía propio; el tema era que yo me negaba a quedarme de farolillo con Mónica y “Coleta” y el vehículo era una Vespino casi tan vieja como yo. La solución acabó siendo ir los tres en la moto quedándome yo en medio de los dos. Por suerte, el campamento donde residían estaba cerca, pero había que ir despacio para no sufrir accidentes mecánicos.
Por el camino, Dani encontró un buen pasatiempo: se puso a explorar por medio del tacto el interior de mi peto. Después de apartarle dos veces la mano mientras yo iba agarrada a un durísimo abdomen, me di por vencida y permití que el descaro de Dani siguiera con su exploración. Pero no parecía conformarse con que las manos deambularan por debajo de mi top, enseguida comenzó a besarme suavemente el cuello haciéndome estremecer de tal forma que me resultaba imposible resistirme… por lo que no lo hice. Cuando tenía sus dos manos apretando mis senos y nuestras bocas ya se habían encontrado, llegamos al camping. Al detener el motor y volverse para pedir a Dani que se bajara, Miguel nos encontró en una postura complicada de malinterpretar, no supo disimular el cabreo que causa sentirse traicionado por un amigo. Mas no le dejé hablar al agarrarle de la nuca y darle un ardiente beso de tornillo. 
Todavía nos encontrábamos sobre la moto frente a la puerta del recinto: Dani detrás sin liberar nada, comiéndome el cuello, y Miguel delante, aunque ya de cara a mí, y besándome fervientemente. Entonces Dani decidió dar el paso que llevaba al siguiente nivel. Éste, al parecer, trataba de estimular mis sentidos para llegar al máximo placer, soltó mis pechos dándole una oportunidad a Miguel de saborear mis excitados pezones, quien no tardó en destaparlos completamente, para que se deleitaran observándolos. Mientras mi lengua volvía a enredarse con la del falso francés, su mano izquierda inmovilizaba mi cintura para que mis labios inferiores no escapasen de las caricias que provocaban sus diestros dedos causando una rápida y más que agradable humedad final. Tenían que asegurarse entre los dos de que nuestros actos fueran silenciosos y no permitir que saliera un solo gemido extasiado de mi garganta, y eso lo controlaban bien… pero no mis manos que se estaban dedicando a acariciar ambos paquetes hinchados al igual que mi clítoris en esos momentos…

Entonces llegamos al campamento y yo volví a quitar la mano de Dani del interior de mi peto por tercera vez para que Miguel no se diera cuenta de ello, porque estaba convencida de que no le iba a gustar. Sin detener el motor, el Kickboxer indicó al ibérico gabacho que se podía bajar y quedaron para encontrarse unas horas más tarde. La vuelta resultó bastante más rápida que la ida gracias a la ausencia de la tercera persona.
Volvimos al pub donde seguían la otra pareja dándose el lote y nos pusimos a hacer lo mismo durante un largo rato. Cuando ya nos podíamos ver las caras sin necesidad prácticamente de luz artificial, se fueron los dos hermanos con el ciclomotor que milagrosamente había sobrevivido a aquella prueba de resistencia.
Esa mañana sufrí agujetas en los músculos del brazo que conectan con los dos dedos centrales de la mano derecha por recordar la fantasía que había tenido un par de horas antes… ah, y aproveché para continuarla desde donde fue interrumpida.

sábado, 9 de abril de 2011

SALUDA AL PAJARITO… ¡RÁPIDO QUE SE VA!

Un año más sabia, después de mi primer orgasmo, vuelven a ser fiestas en mi pueblo natal, y para mi sorpresa, ya que no supe más de él en todo un año, volví a encontrarme con el rubio de ojos azules pero ya no más desconocido, en la barrera-burladero que daba forma a la plaza en la que soltaban las vaquillas. Y esta vez, tampoco estaba solo.

Antes de seguir, he de hacer un inciso aquí: Por esta época, yo era una gran fan de los jugadores del Barça, me gustaban TODOS. Aclarado esto, voy a seguir contando.

En esta ocasión le acompañaba un guapísimo doble de Bogarde -osea que se parecía a éste pero en guapo- y además era de Barcelona.  Cuando Toni me presentó a Sebas, no me contuve la idea del parecido que vi en ese instante, y así se lo hice saber: desde ese momento me lo metí en el bolsillo. Se lo tomó como un cumplido ya que no sólo era hincha del Barça, sino que era Boix Noi. Hubo feeling muy rápido y al ir cada uno por su lado (los dos teníamos planes ya), me quedé con la sensación de querer volver a verle, pero no dije nada.
A la noche siguiente tocaba disco móvil con fiesta de espuma en la plaza de toros y acudimos a la misma mi hermana Violeta y yo. Cuando aun no habíamos alcanzado ni la plaza, nos interceptaron mis dos “nuevos amigos”. A Violeta le gustaban más los jugadores del equipo blau-grana que a mí y mientras íbamos al lugar de los acontecimientos, le contaba lo que había pasado la noche anterior. Cuando les iba a presentar, Violeta adivinó quién era quién enseguida llamando Bogarde a Sebas, un gesto que le hizo saber inmediatamente que me molaba (al menos es lo que me dijo él mas tarde).  En un descuido, me cogieron en volandas entre los dos y me metieron en la nube de espuma, algo que intentaron hacer con "Vio" sin éxito. Yo opuse falsa resistencia ya que temía caer en el suelo si lo hacía, además de que reconozco que me gustó la travesura, para qué negarlo…
Después de hacer el tonto en esa masa jabonosa, no demasiado blanca a causa del polvo y la tierra del suelo, Sebas me susurró al oído que fuéramos a dar una vuelta a lo que accedí después de perder de vista a mi hermana, al fin y al cabo, estábamos en el pueblo y nuestras amigas andaban por ahí, así que no me preocupaba desaparecer. En el paseo, a medida que él se ponía más cariñoso dándome besos en la mejilla y llamándome “mi reina”, decidimos arrinconarnos a intimar un poco más. Así que se me ocurrió llevarle al piso que ejercía como franco mientras la familia veraneaba en una caseta de campo en un municipio cercano.  En cuanto cruzamos el umbral de mi casa, puso su mano en mi nuca para asegurarse mi posición y así darme un beso de tornillo de los que hacen época. Pero más época hizo la rapidez con la que me quitó el top sucio por la espuma y dejó descubiertos mis pechos para luego,  mientras admiraba el tamaño de mis senos con los ojos y las manos, devorarlos aun sazonados por la tierra acumulada por la espumosa fiesta de la que acabábamos de huir. Tras haber calentado el ambiente de una forma bastante fogosa y haberse comido tanta arenilla que ya podía hacer perlas cual coquina, el sol amenazaba ya con salir en cualquier momento. Nos fuimos cada uno a su cama despidiéndonos con un “hasta dentro de unas horas”.
Esa noche compartimos un momento bastante agradable y lo repetíamos todas las veces que podíamos. Para mí no eran solo momentos agradables: estaba totalmente enamorada, tanto que le permití hacerme un chupetón en el cuello, pero el problema fue que me lo hizo en un lateral de la garganta y tan alto (no había forma de taparlo con la ropa) que todo el mundo lo veía, incluyendo a mis padres que no dijeron nada… en ese momento. Ya me regañarían más tarde. Los pobres no sabían cómo reaccionar, era la primera vez que su hija mostraba tal descaro y estaban desconcertados. 

Lo que se definiría como nuestra última cita fue de lo más memorable y mórbida. Nos encontramos en el pueblo vecino y no teníamos sitio donde desatar nuestra lujuria por última vez y sin ser vistos. Por suerte, todos los habitantes y visitantes estaban en la plaza de la iglesia disfrutando del teatro al aire libre, así que no era difícil encontrar intimidad ya que el resto del pueblo estaba desértico aquella noche. Aun así, no me convencía en absoluto el sitio que él eligió: las gradas del polideportivo.
A medida que nos besábamos, su miembro iba creciendo; con tan sólo una caricia a mis senos, se ponía a cien. Así que, sin aguantarse más las ganas me dijo que quería penetrarme allí mismo. Pretendía que dejara mi virginidad allí, en las gradas de un polideportivo, abandonada. Pero yo estaba enamorada así que no le costó convencerme de que ese “puntazo” era buena idea.
Cuando desnudó su enorme y erecto bálano me asusté, no sabía que esas cosas tan grandes eran las que tenían que pasar por algo tan estrecho que ni se nota su existencia al caminar. Me cubrió de besos y caricias para distraerme de la impresión que sobradamente sabía que me iba a causar, pero no lo consiguió. Sentí una fuerte y dolorosa inyección que hizo que me arrepintiera haberle permitido la entrada en mí. Afortunadamente, no insistió en seguir con esa extenuante muestra de afecto.
La situación no podía ser más morbosa pero, lamentablemente, no es recomendable que tu primera vez sea así: pene de 18cm de longitud más un considerable grosor introduciéndose en una vulva joven y a estrenar mientras estás tumbada sobre unas duras gradas de hormigón al aire libre y a la vista de cualquiera que pase por allí.

Lo bueno que saqué de aquella experiencia es que me presentaron la herramienta principal del oponente. Sólo me quedaba preguntarme si algún día podría llegar a disfrutar de su uso…

sábado, 2 de abril de 2011

Orgasmos Festivos

Era un verano que no empezaba con muy buen pie. Me sentía bastante frustrada en el ambiente personal a causa del infierno pasado en una acampada a la que había decidido ir sola cuando todavía no tenía la personalidad ni el carácter definidos en absoluto. Me hicieron varias “novatadas” dejando mi susceptible amor propio por los suelos.
Aun así, en las fiestas patronales del pueblo vecino, me conseguí divertir… aunque lo mejor todavía estaba por suceder en las fiestas de mi pueblo natal.
El grupo estaba dividido entre chicos y chicas, algo normal en una edad de hormonas revolucionadas. Ambos géneros se buscaban un garaje para acudir cuando apetecía tomar una copa –o una botella entera-, invitar a sus amig@s y pasar el rato (ahora se hacen botellones por las calles) y cosas así.
Como de costumbre, mis amigas tenían cierto interés en ver lo que hacían los chicos, y los chicos, como de costumbre, tenían cierto interés en chincharnos como pudieran.
En el primer “enfrentamiento” (también puede llamarse “maniobra de seducción juvenil”) entre los dos grupos, me sorprendió la presencia de un rubio de ojos azules siendo el único totalmente desconocido. En cuanto se dijeron todos lo que se tenían que decir, las chicas se dispusieron a marcharse al evento nocturno que tocaba ese día, quedándome la última e intentando hacer lo mismo con toda la dignidad posible. Después de todo, ese gesto parecía haber llamado la atención del rubio desconocido.
Y no perdió el tiempo… esa misma noche nos buscó en la verbena y allí mismo me encontró; después de algunas fichas bien echadas por su parte, nos fuimos a charlar sentándonos en un portal algo apartado del espectáculo. Nos pusimos a hablar de nuestras vidas, aunque más justo sería decir que sólo yo me puse a contar mi vida. El pobre demostró tener bastante paciencia conmigo porque, mientras le contaba mis penas, sólo me interrumpía para pedir besarme de vez en cuando… y fue así que me dieron mi primer beso... o más bien, besos. No eran más que picos, pero a mí me supieron a glória.
Esa noche, sin pasar a mas, nos despedimos pero no sin haber quedado para vernos al día siguiente en su garito.
A la tarde siguiente, allí estaba yo, en una nube por haber tenido mi primer beso y, por supuesto, con ganas de más.
Cuando entré en ese garaje transformado en sala de descanso con un sofá, un buen equipo musical y un par de camas que ejercían  también de sofá,  encontré “mi primer beso” sentado y bebiéndose una lata de cerveza (era mayor que yo, podía hacerlo) en una de esas camas. En cuanto me vio, me cogió de la mano y me tiró hacia él darme el beso más húmedo y sabroso que jamás me habría imaginado que podía existir.
Entonces, inconsciente de mi recién iniciada afición a la cerveza y a los besos con lengua, nos encontramos a solas, junto con otra pareja que iba bastante a lo suyo, y a oscuras…
Al ritmo de “Los poetas violentos” y tumbados en esa cama sofá, empezamos a besarnos sintiendo caldearse el ambiente por momentos. Una de sus manos me acariciaba muy lentamente la espalda mientras que la otra mano, todavía libre, se aventuró a explorar la parte delantera de mi torso. Se dispuso a acariciar enérgicamente mi delantera ya orgullosamente desarrollada en una talla 90. En ese mismo instante, nuestras piernas se entrelazaban quedando una rodilla suya acorralada entre las mías aprisionando su cuádriceps contra mi pubis.
Entonces, inevitablemente, nuestra respiración comenzó a oírse cada vez más fuerte olvidándonos de que no estábamos solos. Al fin la mano acomodada en mi busto alzó mi sujetador. En ese momento rodamos por encima la cama de tal forma que yo quedaba sobre él. Al mismo tiempo que le dejaba paladear mis senos pálidos y erectos excitándome de una manera desconocida para mí hasta el momento, mis caderas movían mi pelvis obligando a mi vestida pero hinchada vulva frotarse contra su doblada rodilla. Mi respiración ya acelerada acabó dando paso al jadeo. No me importaba que hubiera más gente en esa habitación y creo que a ellos les pasaba lo mismo, aunque apenas se les oía… Tampoco tuve en cuenta que cualquiera podía llegar al garaje, abrir la puerta y encontrarnos en una situación algo incómoda. No importaba nada, esa  lengua vibrante me lamía los pezones, besaba mi cuello y se colaba en mi boca hasta la garganta. Y mientras, su rodilla era cabalgada por mi excitación causada por un intencionado y continuo roce; me acababa de llevar al éxtasis. Repentinamente mis jadeos se detuvieron, necesitaba gritar para dejar salir el cúmulo de sensaciones que estaba experimentando… pero no podía: seguíamos sin estar solos.

No había conseguido completa intimidad, pero sí un orgasmo.

Por supuesto, supe que esa experiencia se nombraba así mucho tiempo después…