sábado, 2 de abril de 2011

Orgasmos Festivos

Era un verano que no empezaba con muy buen pie. Me sentía bastante frustrada en el ambiente personal a causa del infierno pasado en una acampada a la que había decidido ir sola cuando todavía no tenía la personalidad ni el carácter definidos en absoluto. Me hicieron varias “novatadas” dejando mi susceptible amor propio por los suelos.
Aun así, en las fiestas patronales del pueblo vecino, me conseguí divertir… aunque lo mejor todavía estaba por suceder en las fiestas de mi pueblo natal.
El grupo estaba dividido entre chicos y chicas, algo normal en una edad de hormonas revolucionadas. Ambos géneros se buscaban un garaje para acudir cuando apetecía tomar una copa –o una botella entera-, invitar a sus amig@s y pasar el rato (ahora se hacen botellones por las calles) y cosas así.
Como de costumbre, mis amigas tenían cierto interés en ver lo que hacían los chicos, y los chicos, como de costumbre, tenían cierto interés en chincharnos como pudieran.
En el primer “enfrentamiento” (también puede llamarse “maniobra de seducción juvenil”) entre los dos grupos, me sorprendió la presencia de un rubio de ojos azules siendo el único totalmente desconocido. En cuanto se dijeron todos lo que se tenían que decir, las chicas se dispusieron a marcharse al evento nocturno que tocaba ese día, quedándome la última e intentando hacer lo mismo con toda la dignidad posible. Después de todo, ese gesto parecía haber llamado la atención del rubio desconocido.
Y no perdió el tiempo… esa misma noche nos buscó en la verbena y allí mismo me encontró; después de algunas fichas bien echadas por su parte, nos fuimos a charlar sentándonos en un portal algo apartado del espectáculo. Nos pusimos a hablar de nuestras vidas, aunque más justo sería decir que sólo yo me puse a contar mi vida. El pobre demostró tener bastante paciencia conmigo porque, mientras le contaba mis penas, sólo me interrumpía para pedir besarme de vez en cuando… y fue así que me dieron mi primer beso... o más bien, besos. No eran más que picos, pero a mí me supieron a glória.
Esa noche, sin pasar a mas, nos despedimos pero no sin haber quedado para vernos al día siguiente en su garito.
A la tarde siguiente, allí estaba yo, en una nube por haber tenido mi primer beso y, por supuesto, con ganas de más.
Cuando entré en ese garaje transformado en sala de descanso con un sofá, un buen equipo musical y un par de camas que ejercían  también de sofá,  encontré “mi primer beso” sentado y bebiéndose una lata de cerveza (era mayor que yo, podía hacerlo) en una de esas camas. En cuanto me vio, me cogió de la mano y me tiró hacia él darme el beso más húmedo y sabroso que jamás me habría imaginado que podía existir.
Entonces, inconsciente de mi recién iniciada afición a la cerveza y a los besos con lengua, nos encontramos a solas, junto con otra pareja que iba bastante a lo suyo, y a oscuras…
Al ritmo de “Los poetas violentos” y tumbados en esa cama sofá, empezamos a besarnos sintiendo caldearse el ambiente por momentos. Una de sus manos me acariciaba muy lentamente la espalda mientras que la otra mano, todavía libre, se aventuró a explorar la parte delantera de mi torso. Se dispuso a acariciar enérgicamente mi delantera ya orgullosamente desarrollada en una talla 90. En ese mismo instante, nuestras piernas se entrelazaban quedando una rodilla suya acorralada entre las mías aprisionando su cuádriceps contra mi pubis.
Entonces, inevitablemente, nuestra respiración comenzó a oírse cada vez más fuerte olvidándonos de que no estábamos solos. Al fin la mano acomodada en mi busto alzó mi sujetador. En ese momento rodamos por encima la cama de tal forma que yo quedaba sobre él. Al mismo tiempo que le dejaba paladear mis senos pálidos y erectos excitándome de una manera desconocida para mí hasta el momento, mis caderas movían mi pelvis obligando a mi vestida pero hinchada vulva frotarse contra su doblada rodilla. Mi respiración ya acelerada acabó dando paso al jadeo. No me importaba que hubiera más gente en esa habitación y creo que a ellos les pasaba lo mismo, aunque apenas se les oía… Tampoco tuve en cuenta que cualquiera podía llegar al garaje, abrir la puerta y encontrarnos en una situación algo incómoda. No importaba nada, esa  lengua vibrante me lamía los pezones, besaba mi cuello y se colaba en mi boca hasta la garganta. Y mientras, su rodilla era cabalgada por mi excitación causada por un intencionado y continuo roce; me acababa de llevar al éxtasis. Repentinamente mis jadeos se detuvieron, necesitaba gritar para dejar salir el cúmulo de sensaciones que estaba experimentando… pero no podía: seguíamos sin estar solos.

No había conseguido completa intimidad, pero sí un orgasmo.

Por supuesto, supe que esa experiencia se nombraba así mucho tiempo después…


martes, 29 de marzo de 2011

BIENVENID@S

Hola, bienvenid@s a “La seXyleXia y yo”, soy Lady Heather y tras mucho tiempo pensando en cómo entretener a la vez que dar un punto de vista distinto al que suelen tener los blogs que he leído hasta ahora, he decidido crear uno en el que contar mi vida sexual.
Mis relatos empezaran a contar desde el primer beso, y seguiré un orden cronológico, mas o menos, ya que todo se verá sobre la marcha.
Voy a intentar que sea divertido y todo lo gráfico posible sin caer en la vulgaridad.
También  están invitados los relatos de quien quiera participar, con una condición: que sea de buen gusto de forma que no ofenda al lector.
La intención de este diario es desprender erotismo, además de un poco de calor y puede que incluso ideas, aunque eso no esta en manos del escritor…

Después de todo, ¿qué es el sexo sino un dulce hobby?...


(Este blog es totalmente anónimo. Por respeto a la privacidad de las personas que me rodearon en mis vivencias, sus nombres como los de los lugares serán cambiados).